Un espumoso sin uvas: la lección de innovación que llega desde la Patagonia

Cada cierto tiempo, alguien recuerda al sector del vino que no está todo inventado. Esta vez ha ocurrido en Trevelin, provincia de Chubut, en el extremo sur del mapa vitivinícola mundial.

El enólogo Darío González Maldonado ha elaborado, junto al productor floral Juan Carlos Ledesma, un espumoso hecho íntegramente con pétalos de tulipán. Sin una sola uva. Se llama King’s Blood, como la variedad de tulipán rojo con la que está hecho, y sus creadores sostienen que no existe nada igual en ningún lugar del mundo, ni siquiera en Holanda.

Método tradicional, materia prima imposible

Lo que hace serio este proyecto no es la rareza del ingrediente: es que no se ha tomado ningún atajo técnico.

Los pétalos se seleccionan uno a uno y se deshidratan parcialmente. Después llega la maceración para obtener la base líquida, la primera fermentación, la segunda fermentación en botella y la crianza en pupitres, que puede prolongarse de uno a cinco años. Finalmente, degüelle, y sin licor de expedición: un brut nature en toda regla.

Los números del análisis dan la medida del resultado: 10,8% de alcohol, 5 gramos por litro de acidez total, pH de 3,03 y 1,88 gramos de azúcar residual. En palabras de su creador, «aromas muy sutiles y delicados que recuerdan a flores blancas, muy suave en boca». Lo propone para platos delicados, mariscos y postres ligeros.

Se elabora en la bodega Ayestarán Allard, en El Hoyo, y su presentación oficial está prevista para el Día de la Madre argentino, en octubre, coincidiendo con la floración de los campos de tulipanes de Trevelin y con la temporada alta del destino.

Quién está detrás

Darío González Maldonado lleva casi tres décadas desarrollando viticultura de clima frío en la Patagonia, desde Río Negro hasta Ushuaia, donde firma el viñedo más austral del mundo. Es también el impulsor de la ruta del vino de Chubut y responsable de proyectos como el primer tinto dulce natural de pinot noir de la provincia.

No es, por tanto, una ocurrencia aislada. Es la continuación lógica de una trayectoria construida sobre la misma pregunta repetida: ¿y si aquí también se pudiera?

Tres lecturas para quien trabaja en marketing del vino

  • El paisaje puede convertirse en producto. Los campos de tulipanes de Trevelin ya eran un atractivo turístico consolidado en primavera. Convertirlos en botella significa que el destino deja de vender una foto y pasa a vender algo que el visitante se lleva a casa, regala y vuelve a comprar cuando ya no está allí.
  • La técnica es el aval. Un producto exótico sin rigor es una anécdota. El mismo producto elaborado por método tradicional, con analítica publicada y años de crianza, entra en otra conversación: la de los profesionales.
  • La escasez auténtica no se fabrica. Un espumoso que depende de la floración de un campo de tulipanes tiene un límite de producción marcado por la naturaleza, no por una decisión de marketing. Es el tipo de exclusividad que el consumidor de lujo reconoce sin que nadie se la explique.

«La innovación de verdad rara vez consiste en inventar una técnica nueva. Consiste en mirar lo que ya está delante de todos y hacer la pregunta que nadie ha hecho.»

Una precisión necesaria

King’s Blood no es vino. Legalmente no puede serlo: no hay uva. Y precisamente ahí está lo interesante. El método champenoise, que asociamos indisolublemente a la viticultura, resulta ser una tecnología transferible a otras materias primas cuando alguien se molesta en probarlo con seriedad.

Da que pensar en cuántas cosas del sector damos por cerradas simplemente porque siempre se han hecho de una manera. En el vino, y alrededor del vino, siempre queda algo por descubrir. Solo hay que atreverse a formular la pregunta.

Bárbara Martínez Blanco - Barbireando

Esto es lo que sentí yo al vivirlo.

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