
Siempre pensé que para saber si un vino me gustaba había que beberse la copa entera… hasta que Montilla me enseñó lo contrario. Allí descubrí que con tres sorbos basta:
1-El primero, para conocerlo.
2-El segundo, para decidir.
3-El tercero, para comparar.
Y así, sorbo a sorbo, entendí que Montilla no es solo vino: es ADN, fiesta y tradición.
Un encuentro que une culturas
Lo que más me sorprendió fue la diversidad del público. Había gente de Sevilla, Córdoba, Granada, Inglaterra, Rumanía… y algo que me encantó: ¡muchísimos jóvenes!
Incluso los más pequeños participan, aprendiendo desde temprano a valorar lo que hay detrás de cada copa. Porque aquí, el vino no es solo una bebida: es identidad y cultura compartida.
Una clausura inolvidable
El broche final fue un auténtico espectáculo. Teatro, música y, por supuesto, vino. Una fusión de arte y tradición que convirtió a Montilla en un escenario vivo.
Y lo mejor es que esto no acaba aquí: durante todo septiembre siguen las actividades, y créeme, merece la pena vivirlo.
¿Te apuntas a Montilla conmigo?
Si alguna vez te has preguntado qué hay más allá de una copa de vino, este es tu lugar.
Déjate llevar, celebra y brinda con la esencia de Montilla.