El Cava no necesita gritar para ser lujo

El 12 de julio se celebra el Día Internacional del Cava, y cada año pasa lo mismo: alguien lo compara con el champán, alguien defiende que es mejor, y el debate se cierra sin que nadie gane. A mí ese debate me aburre. Lo interesante del Cava no es competir con nadie, es que ha construido algo raro en el mundo del lujo: se puede pagar poco y beber muy bien.

Ese es el verdadero posicionamiento del Cava: lujo accesible. Método tradicional, segunda fermentación en botella, años de crianza. Todo el proceso de un espumoso de alta gama, sin el precio de entrada de otras denominaciones. No hace falta gastar cien euros para notar la diferencia entre un Cava joven y uno con crianza.

Y los números de 2025 cuentan una historia que no es la que parece a primera vista. El volumen total bajó un 12,8%, hasta 190 millones de botellas, por la sequía que ha limitado la producción. A simple vista, mala noticia. Pero mirando el detalle cambia el panorama: los Cavas de Guarda Superior subieron un 1,41%, los Gran Reserva un 6,09%, y los de Paraje Calificado (el escalón más alto de la denominación) crecieron un 82,35%. Se vendió menos, pero se vendió mejor. Esa es la diferencia entre un mercado que se contrae y un mercado que se reordena.

La otra cara del año es la exportación. El Cava sigue representando el 35% de las exportaciones españolas de vino con Denominación de Origen, presente en más de 130 países. Un dato que llamó mi atención: Henkell Freixenet se ha quedado con el 100% de Vinicom, su distribuidor en Portugal, mercado que crece en espumoso más rápido que casi cualquier otro en Europa. No parece casualidad.

Para las marcas que trabajamos en marketing de vino, el mensaje es sencillo, aunque no siempre fácil de aplicar: el crecimiento ya no está en vender más botellas, está en vender mejores botellas a quien sabe reconocer la diferencia. El Cava lleva un siglo demostrando que el lujo y lo accesible no son contrarios. Este 12 de julio, esa es la historia que merece contarse.