Bodegas Luis Medina: una idea, una bodega, una familia

Hay bodegas que se presentan con una ficha técnica. Bodegas Luis Medina se presenta con una fotografía: un hombre a caballo, con dos cigarros liados en una sola hoja de papel de fumar y caramelos de toffee en los bolsillos del chaleco.

Ese hombre es Luis Medina, el bisabuelo. Nació en Toro a finales del siglo XIX y plantó las primeras cepas en el Pago de Lebratinos, el viñedo que hoy, más de un siglo después, sigue dando fruto. La propia familia cuenta su historia sin idealizarla: dicen que no paraba a almorzar, porque con tanto peso en los bolsillos del chaleco no era necesario si había que terminar de podar. Esa labor se la enseñó a su hijo, y ese hijo a la generación que hoy lleva la bodega.

El relevo: Cris y Rafa

Hoy son Cris y Rafa quienes sostienen el proyecto. En sus propias palabras: «sin cigarrillos liados y sin toffee en los bolsillos pero con la misma ilusión e imaginación os ofrecemos estos vinos y esta experiencia de enoturismo.»

Por eso el bisabuelo, y no un logotipo, es la imagen de la marca. Y por eso la bodega lleva su nombre: un pequeño homenaje a quien plantó lo que hoy es una D.O. entera reconocible en el mapa del vino español.

Los vinos: el peso como argumento

Bodegas Luis Medina elabora, entre otros, dos vinos que resumen bien la filosofía de la casa:

CrisCris, un rosado de garnacha tintorera con tapón propio, ligero y fresco, pensado para disfrutarse sin solemnidad.

Luis Medina, el vino que da nombre a la bodega, con más de 20 meses de crianza. Y aquí hay un detalle que cuenta más de lo que parece: la botella pesa más que la del resto de la gama. No es casualidad ni capricho de packaging. Un vino que carga con cuatro generaciones detrás tenía que sostenerse en un envase a la altura. El peso, literalmente, marca la diferencia.

Otros vinos de la casa, como el 17 de Octubre (un monovarietal de Palomino, variedad casi en extinción) o el Perebes (de viñas centenarias), completan una gama pequeña, de producción limitada y etiquetado a mano.

La experiencia

En Bodegas Luis Medina no solo se cata. Con Cris y Rafa, se comparte un rato que se siente más a conversación entre amigos que a visita comercial. Es esa diferencia —entre que te reciban y que te acojan— la que hace que la gente vuelva.

Por qué visitarla

Porque en un radio pequeño de Toro puedes tocar cuatro generaciones de historia, probar un vino cuya botella pesa lo que pesa su historia, y salir con la sensación de haber conocido a una familia, no visitado una empresa.

Reserva antes de ir: las visitas guiadas y catas funcionan con cita previa.

Bárbara Martínez Blanco - Barbireando

Esto es lo que sentí yo al vivirlo.

Si quieres verlo tal cual, PINCHA AQUÍ AQUÍ