Del 100 puntos al like: lo que aprendí en el II Congreso La Cierna

Cada vez que avanzo en el vino, parece que retrocedo. Lo que antes sabía explicar con una frase, hoy me cuesta una vida entera de palabras. Cuanto más aprendo, más cuenta me doy de lo difícil que es comunicar, contar, hacer llegar lo que una copa significa de verdad.

Con esa sensación llegué a la mesa redonda del II Congreso La Cierna, celebrado el pasado 19 de junio en Aranda de Duero bajo el lema «Cosechando el mañana». Allí nos hicimos, junto a Carlos González, director de Guía Peñín; Esther y Marta Iglesias, impulsoras del proyecto Un Lagar de la Ribera; Nacho Rincón, viticultor y creador de contenido; y Alba y Sofía Atienza, divulgadoras de vino, una pregunta que parece sencilla y no lo es: ¿es el algoritmo el que recomienda el vino?

Hoy en España no hay vinos malos

Esa fue mi conclusión más clara del congreso, y creo que pocos en la sala la discutirían. El nivel medio del vino español ha subido tanto en la última década que la mala calidad casi ha dejado de ser una variable en la decisión de compra. Entonces, si la calidad ya no es el criterio que nos separa, ¿qué es lo que de verdad nos lleva a elegir una botella y no otra?

La etiqueta. Las redes sociales. La recomendación de un amigo. El nombre de la bodega. Hoy circulan millones de etiquetas y millones de likes compitiendo por nuestra atención. Pero hay algo que sigue pesando distinto: cuando alguien te habla de tú a tú y te cuenta, en un lenguaje simple, lo que le transmitió una copa.

El vino es como el arte

Esta fue, para mí, la idea que mejor resumió la jornada. Puedes ser experto en vino, seguir formándote, acumular certificaciones, pero frente a un cuadro lo primero que ocurre es instintivo: te gusta o no te gusta. Después, si tienes conocimiento, puedes explicar el por qué.

Con el vino sucede exactamente igual. Lo catas y lo sientes, o no lo sientes. Luego llegan la uva, la acidez, la barrica, el análisis técnico que justifica lo que el cuerpo ya había decidido. Pero el resultado emocional estaba ahí desde el primer sorbo, antes de cualquier palabra.

Por eso, cuando entendemos que el vino comunica y conecta a personas que ni siquiera se conocían entre sí, descubrimos que ser bodeguero puede ser una forma de vida completa, donde la evolución no se refleja solo en el sabor del vino, sino en cómo se disfruta desde su origen.

El Universo Neo y la idea de expresión líquida

Escuchar a Javier Ajenjo, de Bodegas Neo, confirmó esta forma de entender el vino. Su concepto de «expresión líquida» parte de algo muy simple: el vino no tiene un formato fijo ni un esquema predeterminado, igual que tampoco lo tiene el arte.

Bodegas Neo lo demuestra con hechos. Bajo el mismo proyecto conviven la bodega, un estudio de música donde grababan grupos, una productora propia llamada El Planeta Sonoro, un estudio de diseño gráfico y web, y Mondoneo, su iniciativa solidaria que promueve la cultura del vino y colabora en proyectos humanitarios a través de conciertos. Y todo ello, sostenido por amigos y familia trabajando juntos, rompiendo de paso el estereotipo de que eso nunca funciona.

Cruzar miradas entre generaciones

Participar en la mesa redonda «Del 100 puntos al like: cuando el algoritmo recomienda el vino» fue también una oportunidad poco habitual: compartir mesa con personas de generaciones distintas dentro del mundo del vino, desde quienes nacieron en él hasta quienes empiezan ahora a recorrerlo. Escuchar dónde coincidimos y dónde no siempre deja algo. En este caso, dejó la certeza de que la tecnología puede ayudarnos a descubrir vino, pero no puede sustituir la conversación que de verdad nos hace elegir uno.

Gracias al CIFP San Gabriel, a la D.O. Ribera del Duero y a los Gabrielistas Aranda de Duero por hacer posible este espacio de encuentro para todo el sector vitivinícola.